Fecha de entrega: 26/11/2020
Así como con economía, les dejo esta actividad integradora. En este caso será el análisis de un par de artículos.
A mis 19 años, cuando estaba periodismo, redacté un artículo periodístico en donde intenté reflejar, en primera persona, la discriminación que sufrían los inmigrantes bolivianos. Les comparto esa nota para que puedan realizar este trabajo. Además, les dejo una leyenda ona que puede encontrarse en el libro “Leyendas indígenas de la Argentina” de Lautaro Parodi.
1- Lean el artículo periodístico sobre la población boliviana en Argentina. En este caso se habla de personas que abandonaron su país y se instalaron en uno nuevo. ¿Cómo son las culturas de ambos países? ¿Son homogéneas? ¿Cómo fue la asimilación de estas personas a la nueva cultura? ¿Por qué creen que fue así?
2- Vincule los casos de discriminación reflejados con los conceptos de evolucionismo y etnocentrismo. ¿El argentino se da cuenta que discrimina o lo tiene naturalizado? Justifique.
3- El debate del racismo se instala en los medios de comunicación, no solo al inmigrante sino también contra otros argentinos. Busque ejemplos donde se discuta sobre el asunto y donde se estigmatice a otra persona por el color de piel.
4- Lean ahora la leyenda “El fin del matriarcado”. ¿Qué relaciones de poder se pueden observar? Relaciónelo con el concepto de hegemonía. ¿Cómo se rompen esas relaciones de poder?
5- ¿Qué símbolos encuentran en la leyenda? Explique qué significan. ¿De qué manera estos símbolos contribuyen a generar una identidad matriarcal o patriarcal en esta cultura?
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DISCRIMINACIÓN CONTRA LOS BOLIVIANOS
Marta tiene 36 años, está en la Argentina hace 14 y ella sola mantiene un local en la calle Ramón Falcón, Liniers, en el que vende frutos secos. Se mudó de Bolivia porque quería progresar debido a que en su país sí había trabajo, pero no tenía esta posibilidad. Ella cuenta que hay argentinos “buenos y malos” pero que trata de “llevarse bien con todos”. Antes tenía un puesto en la calle pero tuvo que dejarlo al quedar embarazada. Según cuenta esa fue la época en la que más la discriminaron diciéndole “porque no te volvés a tu país, que venís a hacer acá”. Su hija mayor fue la más afectada por la discriminación, todo por ser “morochita”, por esta razón todos los días se burlaban de ella en el colegio y tuvo que ir al psicólogo.
Al doblar en la calle José León Suárez, del mismo barrio, se puede ver el Centro Comercial Santa Rosa de Lima, un mercado boliviano y paraguayo. Aquí, Sergia, de 36 años, que tiene un local donde vende colchas, relata que vino en el 2001 para visitar a unos parientes y decidió quedarse. Su relación con los argentinos no es mala, pero admitió haber sido discriminada y que le dijeron “boliviana de mierda”. Igualmente piensa quedarse, ya está establecida con su marido y su hija, aunque recuerde con tristeza que “al principio extrañaba la cultura boliviana, me costó adaptarme, pero hoy ya me siento más de acá que de allá”. Del mismo centro, un hombre de 58 años con un local de zapatos, que en vez de dar su nombre pregunta “¿esto me va a traer problemas?”, cuenta que hace ya 15 años que se mudó de su país de origen y piensa quedarse porque ya está adaptado. Vino para trabajar porque “en Bolivia era difícil”. Sin embargo se ve otro punto en cuanto a su relación con los argentinos ya que el hombre asegura que jamás fue discriminado y “siempre colaboraron conmigo, los argentinos aprecian a la gente boliviana, no así a los peruanos”.
En frente, en una esquina, se ve un estudio jurídico. La secretaria, Laura Vega de 25 años, vino hace tan solo tres meses con un nene por la situación política de su país. Afirma que le gusta Argentina porque “hay posibilidades de trabajar y estudiar” y contundentemente asegura que no volverá a su país. Afirma que no fue discriminada pero ha visto como discriminan a los “paisanos, porque no tienen estudio y no hablan apropiadamente, no los entienden, ni los escuchan, los hacen a un lado y eso es discriminación”.
Tal vez lo más llamativo sea el Bar Restaurant Jamuy, donde sirven comida típica de Bolivia, pero el dueño es mendocino y sus empleados, todos bolivianos, no tienen permitido responder preguntas en horario de trabajo.
Del otro lado de la frontera, Beto, de 18 años, con residencia en La Paz, cree que el principal motivo de la inmigración es la mala educación, ya que la gente que se traslada “cree que emigrando se solucionan problemas de trabajo y dinero, cuando salen a otros lugares a trabajar en condiciones infrahumanas, como aquellos que emigran a la Argentina”. En cuanto a la discriminación, afirma que existe la xenofobia, “se tiene el concepto del boliviano como una persona inferior, ignorante, campesina, de mal aspecto y limpieza”. Con tristeza lo compara con “racismos impresionantes como contra los judíos”, y tiene la certeza de que “boliviano” es el peor insulto que pueden decir. En cuanto al principal argumento para disfrazar la discriminación de que “nos roban el trabajo”, Beto sostiene que “esto es algo cínico, ya que ellos son los que emplean a bolivianos para trabajos infrahumanos, denigrantes y que el argentino considera que es algo bajo para él”. En resumen, concluye, “en la Argentina no se tiene una aceptación al boliviano bajo ningún aspecto”.
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Leyendas onas
El fin del Matriarcado
En la era de los hoowin, las mujeres dominaban a los hombres, que cazaban y proveían
lo necesario, pero además eran obligados a atender a los niños, cargar y hacer
la vivienda desmontable, recoger agua, preparar fuego y comida. Esto respondía
a la alianza que tenían con los dioses, origen del poder.
Cuando ellas organizaban una
reunión para iniciar a las jóvenes, los hombres desde lejos observaban a los
dioses que salían de los bosques, descendían del cielo o emergían de la tierra.
De esta manera se renovaba la alianza entre las partes y los hombres mantenían
su sumisión.
En aquellos tiempos, solo las
mujeres practicaban la brujería y presidían la reunión prohibida para los
hombres. En ese contexto enseñaban sus habilidades a las jóvenes mujeres,
transmitiéndoles la facultad de causar la muerte por dolencia.
Su autoridad provocaba temor en
los hombres quienes, aunque fuertes, eran incapaces de combatir la brujería y
las enfermedades. En una ocasión, kren
(sol) pasó cerca de la gran cabaña y descubrió a dos mujeres que se estaban
disfrazando de dioses entre risas y carcajadas. Informó a los demás y una vez
comprobado el hecho se inició la matanza. Unidos, armados y decididos, acabaron
con todas las brujas.
Una joven muy astuta logró
escapar de la furia masculina y saltó a una elevada cascada, la Oklohl Warren,
y se transformó en el pato de la cascada: pequeño, rápido y brillante. Otra,
grande y enérgica, fue hacia la playa y escondió a sus hijas bajo su manto.
Seguras, llegaron al mar donde se convirtieron en patos tarri alahksh.
Solo se salvó kre (luna), la más sabia de las mujeres
y la más poderosa de las xohon uhante
(shamán de alto rango) pero no escapó al martirio de su pareja el sol. Kren la
arrojó sin piedad a las brasas provocándole quemaduras en la cara ‑que
aún mantiene‑, pero
después ella huyó. Corrió hacia la montaña Aklek‑Go-Oiyin
y brincó desde la cima.
Continuó su vida eternamente
acechada por el sol.
“Leyendas indígenas de la Argentina”
Lautaro Parodi
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